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domingo, 18 de mayo de 2014
jueves, 1 de mayo de 2014
VIAJE AL FIN DE LA NOCHE: Louis-Ferdinand Céline.
Aunque había oído hablar ya bastante de esta novela (a Kerouac y Bukowski y Henry Miller, por ejemplo), no fui capaz de conseguir un ejemplar hasta, calculo, los veinticuatro o veinticinco años. Imposible, por su estigma (colaborar con el régimen pronazi de Vichy durante la Segunda Guerra Mundial), encontrar ningún libro de Céline editado en nuestro país por aquel entonces, comienzos de los 90, y grande la frustración de no poder, pese a las fantásticas palabras que mis autores de culto le dedicaban, acceder a su obra. Hasta que, en una edición del Círculo de Lectores, al que mi madre estaba suscrita, conseguí al fin su primera y más aplaudida novela, Viaje al fin de la noche, que fue para mí una auténtica revelación. Ahí estaba Bardamu, alter ego de Céline, desafiando a la vida y al mundo, cantándole al horror de la guerra y al absurdo de estar vivos, ácido y corrosivo, sarcástico y escatólogico, con su lenguaje emotivo, esa especie de dialecto nihilista y cañí, sus frases lapidarias, su filosofía aplastante y sus aventuras y desventuras en África, Francia y Estados Unidos, buscando el camino de baldosas amarillas.
Ha habido, por supuesto, otros muchos autores y libros que me han marcado, pero ninguno, creo recordar, tanto como Céline y su Viaje al fin de la noche, la revolución que supuso en mi cabeza y mis letras, en mi forma de escribir y de entender el mundo, y a pocos debo tanto como a él.
Recientemente, más de veinte años después de haberlo leído, con Julio César Álvarez, he coordinado la antología El descrédito: Viajes narrativos en torno a Louis Ferndinand Céline (Ediciones Lupercalia, 2013), donde un puñado de autores españoles contemporáneos rendimos tributo al maestro.
Vicente Muñoz Álvarez, en El Telégrafo (Quito, Ecuador).
EL DESCRÉDITO. VIAJES NARRATIVOS EN TORNO A LOUIS-FERDINAND CÉLINE: Queda en sus manos.
Hace años, estando de visita en casa de unos amigos, hablando sobre qué andábamos leyendo —yo entonces leía muy poco, pasaba por esos años que también cuenta Meret que le pasaron: cinco o seis de ellos en mi caso sin leer más allá de una treintena de libros, si acaso— les conté que estaba leyendo algo de Gustavo Buenoporque… De repente, en cuanto me oyó, uno de los anfitriones se precipitó hacia el salón desde la cocina, creo que incluso blandiendo una sartén o similar, increpándome, cargadísimo de razón: «Pero si ese tío es un chalao, ¿no le has visto en televisión?». Y yo, la verdad, pues no. Ni la menor idea de cuáles habían sido sus crímenes, por qué era un despropósito el leer uno de sus textos, si acaso había matado a un gato o a dos o si es que le había birlado el novio a su prima (la del propio Bueno, digo). Yo había comprado el libro por lo bien que me parecía que iba a explicar su tesis, cuando lo abrí, por una página al azar, en la librería. Y ya. No acerté a contar esto ni poco más; no había clima, ya digo. Por aquella época, haciendo honor a la verdad, no solo leía poquísimo: apenas hablaba para decir gran cosa, tampoco.
El caso es que me he tenido que acordar del escándalo de aquel conocido, de sus prejuicios, su indignación, y mi por cierto muy provechosa lectura de El mito de la izquierda, [1] al volver estos días a leer la antología El descrédito. Viajes narrativos en torno a Louis-Ferdinand Céline,libro en torno a nada más y nada menos que un simpatizante del régimen de Vichy —ahí es nada, mucho peor que salir en Telecinco, dónde va a parar—. Acudí a una charla que uno de los antólogos, Julio César Álvarez, y algunos de los autores — José Ángel Barrueco, Gsús Bonilla, Álex Portero, Esteban Gutiérrez Gómez, Óscar Esquivias, José M.Alejandro(Choche) y Mario Crespo— de estos viajes narrativos protagonizaron este viernes pasado en la librería Antonio Machado del Círculo de Bellas Artes. Se trató sobre Céline, infame por antonomasia, «poeta de los charcos, escritor visceral, guerrero, apasionado, furioso con la humanidad entera, artífice de algunas de las cimas narrativas de la historia de la literatura»[2], y nexo de unión de todos los que han participado con algún texto en esta suerte de homenaje crítico —«A muchas almas nobles se les hunde el mundo si ven que han de reconocer que la inmensa calidad literaria de Louis-Ferdinand Céline convivió siempre con su monstruosidad moral»[3]— y literario —«Sí, éramos trotskistas y leíamos a Céline, no pongas esa cara de baronesa ofendida y deja que te lo explique»[4]—a la figura de este «perfecto cabrón»[5].
«Estamos aquí debatiendo su obra, no su persona», dirá Mario Crespo, en una de sus intervenciones. En realidad, no fue así. Ni el viernes, ni tampoco en la antología. Es inevitable, tratándose de quien se trata, obviar quién fue, prescindir de su persona. Tampoco es necesario, seamos serios: hay que ser muy paleto —digo así porque intento ofender, va, solo un poco, que estamos hablando de Louis Ferdinand Auguste Destouches— para dejar de leer a un autor por su trayectoria[6]. ¿Qué va a pasarte si lees Viaje al fin de la noche? ¿Vas acaso a despertarte con una enorme necesidad de exterminar judíos, de violar a mujeres, apalear negros, de matar gatos? Que no se trata aquí, caray, centrémonos, de votar para que le dé una subvención el estado o Dios le perdone alguno de sus pecados a un personaje que lo mismo sí, era deleznable, qué más da, ya está muerto, qué más queremos que le pase, ¿es acaso su obra apología de qué? ¿No debería tratarse solo de leerlo y ya, solo de su obra?
Aparte, abundando en esto que digo, o he intentado decir: El descrédito, cómo ha sido concebido, es una gozada. Siquiera sea por el relato que se marca Pepe Pereza, que aparece de pronto, sin previo aviso:
-Mala noche, ¿eh?
-La peor.
O por la lectura que sobre las cartas que el buen doctor —aquí un emoticono, que estamos en internet— le escribe desde la cárcel a su mujer y que comenta Barrueco, aportando esa otra perspectiva, la de un hombre torturado, hecho absolutamente polvo, maltratado, contradictorio: «Cuando uno lee a Céline, verdadero hijo de puta que, probablemente, fuera así (tan duro, tan cruel, tan feroz, tan pesimista) porque asistió al rosario de maldades de las que es capaz el individuo y se vio involucrado en un cúmulo de situaciones que irían minando sus nervios: guerras, asesinatos hospitales, enfermos y enfermedades propias, locura y miseria…»[7]. Es decir, es una obra en torno al autor de Muerte a crédito que va más allá de la mera reseña de su obra literaria o aproximación biográfica: en El descrédito aparecen los Beats, por ejemplo; el relato de ese encuentro, del que también se habló el viernes: «Imagina que dentro de cincuenta años, cuando estemos muertos, alguien, un grupillo de escritores jóvenes e irreverentes de… qué sé yo… de España, por ejemplo, nos rinde un homenaje en una antología de varios autores que escriben con un estilo similar al nuestro»[8].
Y también escribe Miguel Baquero:
¡Ah, qué gratificante es compartir la opinión mayoritaria!
Pero si algo desprecio sobre todo (y quizás en ello el propio Céline tiene algo que ver) es el lugar común, la frase hecha, el pensamiento gratificante. Leí siendo joven (quién no) el Viaje al fin de la noche y pese a la rabia contenida en sus páginas se me hacía difícil imaginar, tenía que verlo, o que leerlo, con mis propios ojos, que quien escribió aquel episodio del recluta Bardamu vagando junto a un soldado del otro bando, de noche, por una ciudad abandonada, quien dijo aquello de que «a los generales les gustan las rosas. Es sabido», y quien concluyó con la advertencia, dirigida a todos, de que «cuando los grandes de este mundo empiezan a amaros es porque van a convertiros en carne de cañón», hubiera podido producir poco después unas páginas de insólita sevicia.
Y más. Un total de 26 autores[9], a cuál más dispar, más los antólogos [10]. Un regalazo de la editorial Lupercalia. Otro más. «Eso sí, miren con cuidado hacia abajo. Queda en sus manos» [11].
.Notas al pie:
[1] Se la recomiendo aquí: su prosa tiene ese gusto a viejo profesor de bachillerato, didáctico y bonachón, que quiere darnos las herramientas necesarias para ayudarnos a pensar por nosotros mismos el día de mañana. Aparte, abre la cosa citando a una autoridad que resulta que es mujer, sin mencionarlo; con la que está cayendo, en fin, qué majo. He de decir, por otra parte, que sigo sin haberle visto en televisión. Así que no sé aún en qué pequé, digo. Y tan feliz.
[2] Jose Ángel Barrueco en su aportación a la antología No habrá tregua para los malvados.
[3] Abre así Vila-Matas la suya, la que cierra el libro.
[4] Álex Portero en No te ofendas, otro de los textos, de ficción en este caso.
[5] Así se le llamó en varias ocasiones este viernes, diría que hasta con una cierta ternura.
[6] Por esa sola razón, digo.
[7] Otra vez Barrueco.
[8] La entrega del testigo, relato del encuentro entre William Burroughs y Allan Ginsbergcon Céline el 8 de julio de 1958 en la casa de Meadon de este último.
[9] Enrique Vila-Matas, Miguel Sánchez-Ostiz, Mario Crespo, Celia Novis, José Ángel Barrueco, Óscar Esquivias, Bruno Marcos, Pepe Pereza, Isabel García Mellado, Álex Portero, Vanity Dust, Juanjo Ramírez, Patxi Irurzun, Juan Carlos Vicente, Velpister,Esteban Gutiérrez Gómez, Pablo Cerezal, Javier Esteban, Choche, Miguel Baquero,Carlos Salcedo, Odklas, Joaquín Piqueras, Adriana Bañares, Gsús Bonilla, Alfonso Xen Rabanal y Daniel Ruiz García.
[10] Julio César Álvarez y Vicente Muñoz Álvarez.
[11] Julio César Álvarez, en el prólogo.
Raquel Blanco, en Tanyible ebooks.
domingo, 27 de abril de 2014
LEYENDO EL DECRÉDITO: Viajes narrativos entorno a Luis Ferdinad Céline, por Ricardo Guadalupe.
En 2011 el Gobierno de Francia despreció el cincuenta aniversario de la muerte de Louis-Ferdinand Céline omitiendo cualquier acto conmemorativo a su figura. La razón: sus panfletos antisemitas, anteriores a la Segunda Guerra Mundial, y su colaboracionismo con la Francia de Vichy. Para repararlo, se supone, Ediciones Lupercalia reunió en 2013 a veintiocho autores españoles en el libro El descrédito, que lleva por subtítulo Viajes narrativos en torno a Louis-Ferdinand Céline.
Y he dicho “se supone”, porque lo que aparentemente nació como un modo de reivindicar a uno de los grandes escritores de la literatura universal se convierte en algunos casos en un linchamiento. Caso de uno de los autores, que directamente le llama “gilipollas”, o caso de Vila-Matas, propenso a disimular sus complejos con insultos, que le tilda de “cerdo repugnante”, añadiendo desatinos como que “su obra se limitó a llevar a sus máximos extremos la monstruosidad moral de nuestro siglo” o que “ese cerdo tiene sólo dos obras de altura”, refiriéndose a Viaje al fin de la noche y Muerte a crédito, olvidando, diría que por simple desconocimiento, principalmente obras como Guignol's Band, El puente de Londres o Semmelweiss.
Lamentablemente esa es la tónica de un libro que se centra en la mayor parte de sus páginas en los dichosos panfletos antisemitas y en las cloacas de las que Céline hablaba, pero sin hacer alusión alguna al espíritu de lucha con el que zarandeaba al lector para salir de las mismas.
En cambio, de repente, en la página 140, perdida ya toda esperanza, una luz, un texto que por sí solo da valor a la travesía en el desierto y a la adquisición del libro, puesto que Carlos Salcedo Odklas, en Viaje a ninguna parte, trae a la vida a Céline, primero literariamente, a través de su estilo, lo que no quisieron o no pudieron hacer los otros autores, y después con un análisis que hace justicia al escritor francés: “su manera de escribir, sincera hasta el extremo, sin ocultar nada de su visión del mundo, […] pionero del lenguaje soez y realista, de la jerga de la calle, han influido enormemente en la literatura posterior”. Para coronar por último el texto con una crítica social, algo imprescindible en cualquier escritor que se precie de serlo dados los tiempos que corren: “Nuestro ilustre presidente, esa jodida marioneta gangosa, […] está haciendo todo lo posible por llevar a su pueblo a la esclavitud absoluta […] con el terreno allanado por la política de haber transformado a la sociedad, ausente como dije de disciplina y fortaleza, en un rebaño dócil y completamente maleable”. Y sigue, no tiene desperdicio el párrafo, aunque por su extensión mejor emplazaros al libro.
Casualmente –es un decir, no creo en la casualidad–, Carlos Salcedo Odklas dedica su texto a Alfonso Xen Rabanal, justo el autor responsable, unas páginas más adelante, del otro tsunami que va a romper las tranquilas aguas del libro. No en vano Salcedo Odklas dice de él, con respecto a Céline, que es “su discípulo más aventajado dentro de nuestra narrativa underground actual”. Y cuánta razón tiene, Xen Rabanal va a imprimir en su texto el ritmo frenético de la metralla, agujeros de bala en forma de letras. Todo el cuerpo del lector se va a ver convulsionado por una música del rap, por un fraseo urbano y directo que no hace prisioneros. Demostrando además su hondo conocimiento sobre la vida y obra del autor de Viaje al fin de la noche, citándole con una frase que para mí es el punto de partida fundamental para abordarlo: “anarquista soy, he sido, sigo siendo”. Chapó.
Y qué rescatar del resto del libro, una vez destacados sus dos principales y prácticamente únicos valedores, pues el texto No hay tregua para los malditos, en el que José Ángel Barrueco perfila con un honesto análisis la animadversión que persigue a Céline: “creo que a esa sociedad dispuesta a poner etiquetas y a atribuir culpas y castigos, lo que más le dolió, le sigue doliendo, no es que Céline escribiera panfletos, sino su condición de rebelde, de provocador que no baja la cabeza, que no agacha el lomo, que no cae en el servilismo”. Y lo culmina escribiendo: “Lo intuyó, lo supo, sabía que no hay descanso para quienes son como él. Esperemos que, algún día, le alcance la tregua. Lo escribió en la cárcel: «Hay que luchar contra la desgracia con la misma rabia que ella hasta cansarla»”. Amén.
Sacudiendo El descrédito salen huyendo también frases de otros autores hacia el crédito de Céline: “en sus novelas no hay ni un ápice de antisemitismo”, “va construyendo un discurso vivamente antibelicista”, “un alivio encontrarse con ese cinismo vitalista”… Hasta el que le llama “gilipollas” se rinde a “su energía narrativa, por su descarnación (o si se prefiere, encarnizamiento) a la hora de novelar”.
Aún quedan muchas cuentas por saldar con Louis-Ferdinand Céline.
© Ricardo Guadalupe
lunes, 10 de febrero de 2014
EL DESCRÉDITO en LA TORMENTA EN UN VASO
El descrédito. Viajes narrativos en torno a Louis-Ferdinand Céline, VV.AA.
Ediciones Lupercalia, Alicante, 2013. 208 pp. 15,90 €
Pedro Pujante
Si existe un autor que hoy día sigue suscitando polémica, admiración, rechazo, inspiración y sumando lectores y lectores, ese es Céline. Falleció hace más de medio siglo, fue médico, vivió la Gran Guerra, estuvo encarcelado sufrió el ‘descrédito’ y el destierro. Sus panfletos antisemitas le valieron la ignominia y que su Francia natal le relegase a un margen de la literatura canónica.
No obstante, y dando ejemplo de una gran intuición y gusto literarios, Lupercalia, una editorial joven y audaz, se ha encargado de reunir un gran surtido de plumas de escritores españoles contemporáneos para rendir el tributo que se merece este padre díscolo de las letras universales. Si bien sus más conocidas novelas, y quizá lo más excelso de su obra, son Viaje al fin de la noche y Muerte a crédito, es cierto que tiene más libros. Por ejemplo,Vila-Matas nos recuerda esa obra menor titulada Fantasía para otra ocasión, que leyó hace tiempo pero que le tuvo que impactar de algún insólito modo pues ahora, "masoquistamente", se molesta en rememorarla y relegarla del olvido, como quien siente un aullido del pasado llamar a la puerta del horror. Otros escritores de esta antología se siguen interrogando por el dilema de diseccionar el binomio hombre-obra. Por ejemplo,Joaquín Piqueras, uno de los más grandes poetas de este país, ha recreado una irónica conversación de chat literario en la que varios usuarios discuten sobre la necesidad de separar al ideólogo del artista, al escritor del hombre. La misma tesitura se plantean otros como José Ángel Barrueco o Gsús Bonilla.
Bruno Marcos elabora un preciso ejercicio comparativo entre Céline y Chaplin, en el que el humor y el horror comulgan en una simbiosis contemporánea que invita a la reflexión.Mario Crespo nos recuerda las relaciones de Céline con la beat generation. Pero el catálogo de plumas y temas no se agota ahí: Miguel Sánchez-Ostiz nos regala una evocación conmovedora; Óscar Esquivas narra una aventura celiniana en primera persona;Pepe Pereza inventa un relato, en su habitual tono directo y violento, en el que un libro robado de Céline desencadena la acción. Y muchos grandes narradores más que no caben en este breve reseña…
Muchos han elegido el ensayo, otros el relato, la crónica o la falsa biografía. Gran número de elementos de la vida del autor se hallarán en este volumen, y muchas desviaciones por vericuetos ficticios que ahondan en el itinerario novelístico de este padre de los malditos. Sobre todo apoyándose en esa novela semi autobiográfica que es Viaje al fin de la noche. De la que se puede aprender más de Céline que de ninguna biografía: su viaje a EE.UU., su amor sucio y mal correspondido, su asco por la vida o sus vicisitudes como médico.
Quien se aproxime a la vida de este genial escritor no se arrepentirá. A través de sus libros, a través de los libros de otros. En ese sentido, El descrédito es una puerta-espejo que conduce a Louis-Ferdinand Céline, ejemplo de que la literatura engendra más literatura, en un juego de correspondencias equívoco y proteico que convierte la experiencia de leer en un ‘viaje al fin de la propia irrealidad’.
Permítaseme sumar esta reseña al merecido homenaje que Céline merece.
Pedro Pujante, La Tormenta en un Vaso.
sábado, 8 de febrero de 2014
El controvertido Louis-Ferdinand Céline, acompañado por algunos de los antólogos de El descrédito
En esta obra participan autores como Miguel Sánchez-Ostiz, Mario Crespo, Celia Novis, José Ángel Barrueco, Óscar Esquivias, Isabel García Mellado, Patxi Irurzun, Joaquín Piqueras, Adriana Bañares, Gsús Bonilla, Alfonso Xen Rabanal o Enrique Vila-Matas. 'Hemos hecho una selección muy fina de personas que conocieran su obra. Todas ellas incorporan diferentes puntos de vista que van desde la ficción al ensayo o la experiencia personal. Hemos tratado de ofrecer una visión panorámica en la que se incluyan desde personas que lo apoyan a ciegas (rozando el fetichismo) hasta personas que lo critican y machacan a conciencia', continúa Vicente.
La otra persona responsable de esta antología es Julio César Álvarez, quien recuerda que la primera vez que leyó una obra de Céline (en este caso, también fue Viaje al fin de la noche) tenía 17 años. 'Técnicamente me deslumbró. Al leerlo tuve la sensación de que contaba las cosas de otra manera. Creo que es uno de los autores de mayor calidad literaria del siglo XX. Autores como Sartre o Miller son herederos de su estilo, un estilo demoledor, perteneciente a una literatura rompedora', indica. Julio César, que al igual que Vicente incluye su visión sobre este autor en el prólogo de este libro, reconoce el "desafío que se plantea" ante una persona "moralmente monstruosa" pero con una "calidad literaria inmensa".
El descrédito, la monstruosidad del genio
Javier Vayá Albert, en La huella digital
Cerca de treinta de los mejores autores españoles de la vanguardia literaria de nuestro país habitan estos viajes narrativos en torno a Louis Ferdinand Céline. Una antología imprescindible tanto por su valentía como por su calidad literaria.
En los tiempos que corren se hace necesario aplaudir y admirar la valentía y el tesón de Vicente Muñoz Álvarez y Julio César Álvarez, antólogos de este libro y de la editorial Lupercalia, por apostar y sacar adelante un libro tan difícil como imprescindible y necesario. Valentía, tesón y amor por la literatura desprovista de artificios y farándula, de la escritura de trinchera manchada de fango capaz de descender a lo más miserable de la condición humana para mostrarla en toda su crudeza: son las señas de identidad de Louis Ferdinand Céline, uno de los mejores escritores del siglo XX que fue condenado a la cárcel y el ostracismo por sus panfletos antisemitas y supuesta colaboración con los nazis. Con la excusa de indagar en la dicotomía que supone la figura de Céline, autor de innegable calidad artística y más que dudosa catadura moral, El descrédito nos brinda 28 textos, uno por autor, a cual más brillante y sublime.
Bajo la disyuntiva de separar al autor de su obra, esta antología cumple varias funciones; por un lado reivindica la obra de Céline sirviendo como complemento, tan erudito como delicioso, para quien lo haya leído, por otro invita a todo aquel que no haya leído al autor francés y con una pizca de curiosidad a interesarse por el firmante de Viaje al fin de la noche o Muerte a Crédito toda vez que reúne a varios, contando también los sendos maravillosos prólogos de los antólogos, de los mejores escritores del panorama patrio actual, la mayoría de ellos alejados de los grandes focos que prefieren posarse en semianalfabetas mujeres de toreros autoras de bestsellers. En este sentido no es casual que los autores más conocidos a priori, Miguel Sánchez Ostiz y Enrique Vila-Matas, abran y cierren respectivamente la antología. Sin duda el mayor acierto de El descrédito reside en otorgar plena libertad a cada autor que elige el viaje narrativo que desea y ofrece su visión personal sobre el escritor, en muchos casos totalmente distintas unas de otras: mientras Sánchez Ostiz nos sitúa en el contexto histórico de los últimos años de Céline, sin disculparlo jamás, Vila-Matas se ceba con la obra y vida del médico convertido a escritor sin negar cierta atracción hacia ambas facetas.
De hecho El descrédito es otra gran muestra de los encontrados sentimientos que Céline provoca con su literatura y su actitud ante la vida donde caben desde el desprecio absoluto a la más profunda admiración en un solo intento de describirlo. Mario Crespo relata en un excelente ejercicio de metaliteratura el viaje que sirvió como cesión del testigo por parte de Céline a Allen Ginsberg y William Burroughs, miembros de la generación Beat que junto a Bukowski serían sus mayores discípulos literarios. Celia Novis narra de manera magistral la malsana travesía en barco de Céline hacia África que pone de manifiesto su carácter y su posterior misantropía. José Ángel Barrueco, en un texto fascinante que reúne erudición y amor por la literatura, se pregunta si acaso Céline no sufrió demasiado castigo sobre todo en comparación a otros escritores de semejante calaña y apuesta firmemente por separar al escritor del hombre. Óscar Esquivias nos sitúa en primera persona en la vida de Céline en África en un relato tan logrado que pide ser novela. Bruno Marcos, en una excelente y sorprendente comparación de Céline con Charles Chaplin, desmitifica la ferocidad del autor. Pepe Pereza nos brinda uno de los más desgarradores y hermosos relatos de desamor que se pueden leer en el que un libro del autor francés jugará un papel importante.
Isabel García Mellado trenza un bello cuento parisino con aparición casi fantasmal de Céline. Álex Portero Ortigosa da fe de su maestría en un emocionante y reivindicativo texto que debería ser de obligada lectura en las escuelas. Vanity Dust resucita a Céline con su hilarante y genial prosa mientras Juanjo Ramírez hace lo propio de una manera un tanto más escatológica e igual de brillante. Hilarante, brillante y sin tapujos es el genial relato de Patxi Irurzun. Juan Carlos Vicente se pone de manera sublime en la piel del ministro francés que no paró de recibir presiones para que no se homenajeara a Céline en las celebraciones nacionales de 2011. Velpister se muestra excelentemente lúcido plasmando un futuro distópico demasiado reconocible. Esteban Gutiérrez Gómez pone de manifiesto lo muy presente que sigue todavía el espíritu y la obra céliniana en cualquier espíritu adolescente mínimamente rebelde y curioso. Pablo Cerezal utiliza la magia que su exquisita prosa atesora para poner de manifiesto lo hipócrita del políticamente correcto mundo occidental con su odisea para encontrar un volumen de Muerte a crédito. Miguel Baquero no es capaz de separar al escritor de su obra cerrando su texto con una frase tan certera como hermosa y contundente. Adriana Bañares prefiere poner su maravillosa y poética prosa al servicio de la historia de amor de Céline. Por resumir, el resto de textos de Javier Esteban, José M.Alejandro (Choche), Carlos Salcedo Odklas, Joaquín Piqueras, Gsús Bonilla, Alfonso Xen Rabanal y Daniel Ruiz García contienen una calidad literaria tan demoledora que convierten El descrédito en más que una antología, un artefacto vital de más que necesaria y obligada presencia en todas las estanterías.
jueves, 9 de enero de 2014
sábado, 4 de enero de 2014
jueves, 26 de diciembre de 2013
EL DESCRÉDITO, LA MONSTRUOSIDAD DEL GENIO por Javier Vayá Albert
Cerca de treinta de los mejores autores españoles de la vanguardia literaria de nuestro país habitan estos viajes narrativos en torno a Louis Ferdinand Céline. Una antología imprescindible tanto por su valentía como por su calidad literaria.
En los tiempos que corren se hace necesario aplaudir y admirar la valentía y el tesón de Vicente Muñoz Álvarez y Julio César Álvarez, antólogos de este libro y de la editorial Lupercalia, por apostar y sacar adelante un libro tan difícil como imprescindible y necesario. Valentía, tesón y amor por la literatura desprovista de artificios y farándula, de la escritura de trinchera manchada de fango capaz de descender a lo más miserable de la condición humana para mostrarla en toda su crudeza: son las señas de identidad de Louis Ferdinand Céline, uno de los mejores escritores del siglo XX que fue condenado a la cárcel y el ostracismo por sus panfletos antisemitas y supuesta colaboración con los nazis. Con la excusa de indagar en la dicotomía que supone la figura de Céline, autor de innegable calidad artística y más que dudosa catadura moral, El descrédito nos brinda 28 textos, uno por autor, a cual más brillante y sublime.
Bajo la disyuntiva de separar al autor de su obra, esta antología cumple varias funciones; por un lado reivindica la obra de Céline sirviendo como complemento, tan erudito como delicioso, para quien lo haya leído, por otro invita a todo aquel que no haya leído al autor francés y con una pizca de curiosidad a interesarse por el firmante de Viaje al fin de la noche o Muerte a Crédito toda vez que reúne a varios, contando también los sendos maravillosos prólogos de los antólogos, de los mejores escritores del panorama patrio actual, la mayoría de ellos alejados de los grandes focos que prefieren posarse en semianalfabetas mujeres de toreros autoras de bestsellers. En este sentido no es casual que los autores más conocidos a priori, Miguel Sánchez Ostiz y Enrique Vila-Matas, abran y cierren respectivamente la antología. Sin duda el mayor acierto de El descrédito reside en otorgar plena libertad a cada autor que elige el viaje narrativo que desea y ofrece su visión personal sobre el escritor, en muchos casos totalmente distintas unas de otras: mientras Sánchez Ostiz nos sitúa en el contexto histórico de los últimos años de Céline, sin disculparlo jamás, Vila-Matas se ceba con la obra y vida del médico convertido a escritor sin negar cierta atracción hacia ambas facetas.
De hecho El descrédito es otra gran muestra de los encontrados sentimientos que Céline provoca con su literatura y su actitud ante la vida donde caben desde el desprecio absoluto a la más profunda admiración en un solo intento de describirlo. Mario Crespo relata en un excelente ejercicio de metaliteratura el viaje que sirvió como cesión del testigo por parte de Céline a Allen Ginsberg y William Burroughs, miembros de la generación Beat que junto a Bukowski serían sus mayores discípulos literarios. Celia Novis narra de manera magistral la malsana travesía en barco de Céline hacia África que pone de manifiesto su carácter y su posterior misantropía. José Ángel Barrueco, en un texto fascinante que reúne erudición y amor por la literatura, se pregunta si acaso Céline no sufrió demasiado castigo sobre todo en comparación a otros escritores de semejante calaña y apuesta firmemente por separar al escritor del hombre. Óscar Esquivias nos sitúa en primera persona en la vida de Céline en África en un relato tan logrado que pide ser novela. Bruno Marcos, en una excelente y sorprendente comparación de Céline con Charles Chaplin, desmitifica la ferocidad del autor. Pepe Pereza nos brinda uno de los más desgarradores y hermosos relatos de desamor que se pueden leer en el que un libro del autor francés jugará un papel importante.
Isabel García Mellado trenza un bello cuento parisino con aparición casi fantasmal de Céline. Álex Portero Ortigosa da fe de su maestría en un emocionante y reivindicativo texto que debería ser de obligada lectura en las escuelas. Vanity Dust resucita a Céline con su hilarante y genial prosa mientras Juanjo Ramírez hace lo propio de una manera un tanto más escatológica e igual de brillante. Hilarante, brillante y sin tapujos es el genial relato de Patxi Irurzun. Juan Carlos Vicente se pone de manera sublime en la piel del ministro francés que no paró de recibir presiones para que no se homenajeara a Céline en las celebraciones nacionales de 2011. Velpister se muestra excelentemente lúcido plasmando un futuro distópico demasiado reconocible. Esteban Gutiérrez Gómez pone de manifiesto lo muy presente que sigue todavía el espíritu y la obra Céliniana en cualquier espíritu adolescente mínimamente rebelde y curioso. Pablo Cerezal utiliza la magia que su exquisita prosa atesora para poner de manifiesto lo hipócrita del políticamente correcto mundo occidental con su odisea para encontrar un volumen de Muerte a crédito. Miguel Baquero no es capaz de separar al escritor de su obra cerrando su texto con una frase tan certera como hermosa y contundente. Adriana Bañares prefiere poner su maravillosa y poética prosa al servicio de la historia de amor de Céline. Por resumir, el resto de textos de Javier Esteban, José M.Alejandro (Choche), Carlos Salcedo Odklas, Joaquín Piqueras, Gsús Bonilla, Alfonso Xen Rabanal y Daniel Ruiz García contienen una calidad literaria tan demoledora que convierten El descrédito en más que una antología, un artefacto vital de más que necesaria y obligada presencia en todas las estanterías.
Javier Vayá Albert, en LaHuellaDigital.com
miércoles, 25 de diciembre de 2013
EL DESCRÉDITO: VIAJES NARRATIVOS EN TORNO A LOUIS-FERDINAND CÉLINE. Consideraciones.
Hace días que acabé de leer El descrédito. Viajes narrativos en torno a Louis-Ferdinad Céline y me sigue zumbando la cabeza con algunos temas claves en referencia al autor francés.
El primero es discernir si Céline era un “todo”, esto es: si Céline persona y Céline escritor eran el mismo personaje. Argumentos a favor de una u otra postura hay en el libro, muy bien fundamentados, pero yo lo tengo claro: si algún escritor se merece el calificativo de “visceral” sin duda alguna ese es el escritor francés. Pero no solo eso, su visceralidad es tan esencial y tan inmensa que lo arrastra sin darle la mínima oportunidad a lo que su cerebro tenga que opinar de tal o cuál actitud de vida. Céline vomitaba sobre el papel, escribía con su bilis, con su sangre y con su semen. No admitía dobleces, ni falsificaciones, mi mentiras. Por eso Céline era Céline y no un perro faldero.
Para bien y para mal, Céline era un pobre hombre, un diablo convertido en juguete roto, como nosotros y, como tal, escribía. Dice al respecto Bruno Marcos en su genial aportación: “Céline no se repone después de que el mundo lo derribara, no encuentra consuelo y no alcanza a proponer nada sino que va directamente contra la existencia”. Entonces, si Céline va contra el mundo que lo ha arrollado, si predica en sus escritos un “existencialismo sin salida” (palabras más que acertadas de Bruno Marcos), ¿por qué escribe?
¿Por qué escribe Céline si el mundo es una basura y el hombre es un ser condenado a fracasar?
Y, no solo eso, ¿por qué vive, por qué no se quita la vida?
Bruno Marcos nos da la respuesta: “Cuando se hace el relato de un trauma o de una enfermedad siempre hay un fin terapéutico, aprender algo de la enfermedad para curarla...”. Céline era, sí, un vividor, alguien que apreciaba la vida, que la amaba hasta la médula, y denostaba a los hombres porque no sabían disfrutarla sin hacer del mundo un lugar peor. Por eso vomitaba cuando escribía, de puro asco.
Respecto a los panfletos, a su posición antisemita y su colaboracionismo, voy a escribir una anécdota personal. El 11 de septiembre de 2001, veía absorto en la televisión cómo ardían dos torres inmensas de acero y cristal, cómo el símbolo de la cultura del máximo consumismo, el becerro de oro del capitalismo, se desmoronaba, se hacía migajas, desaparecía; cómo un grupo de fanáticos islamistas (eso pensaba entonces) habían exportado la guerra que sufrían en sus propios países, a miles de kilómetros de distancia, fruto del intervencionismo norteamericano, y la habían instaurado en el corazón de la city neoyorkina, en el mismo corazón financiero que marca con su sístole y diástole la economía del mundo. Y pensaba eso admirado, acobardado, alucinado y, porque no decirlo, con una media sonrisa culpable en la boca, como si en verdad se hubiese hecho justicia con aquella salvajada, porque el imperialismo yankee acababa de ser torpedeado.
Semanas después de aquella barbaridad pude leer en algún periódico y escuchar en la televisión que lo que mis ojos vieron no fue eso, que lo que realmente ocurrió en Nueva York fue un ataque antisemita, porque las Torres Gemelas (en realidad todo el World Trade Center, todo el Centro Mundial de Comercio) representaban el ideal de negocio de los judíos, que eran sus propietarios y gestores, y que judíos también eran la mayoría de los negocios que amparaban.
En una comida con amigos saqué a relucir esos comentarios sobre la supuesta conspiración antijudía. Para mi asombro la teoría Capitalismo = Judaísmo se admitía sin lugar a dudas (bien es cierto que aún hoy en día se duda de todo lo que “en realidad” aconteció aquel 11 de septiembre y no se tienen claras las mentes criminales que idearon aquella devastación). Me dio por pensar entonces si esa lacra llamada consumismo a la que nos lleva el capitalismo radial, el neoliberalismo económico, no es entonces una enfermedad mortal culpa de esos mismos judíos prestos a negociar y convertir vidas en monedas. Espero que una reflexión así no me califique de antisemita. De existir una concordancia, no la he hecho yo. Eso sí: pienso que en los negocios (como en la vida) no todo vale. Quizá Céline llegó a esa misma conclusión y odió, sí, y luchó contra el poder del dios Dinero que corrompe al hombre.
Porque, para terminar con las dudas sobre el universo Céline, también me pregunto sobrela vigencia de las palabras nihilistas y fatalistas del autor francés sobre la raza humana y la sociedad que ésta ha creado, y sobre el sentido de esas mismas palabras precisamente ahora, en época de crisis profunda (no solo económica, sino, y sobre todo, de valores en la sociedad actual, de creencias por las que hacer digna la vida que vivimos) como lo fue aquélla época que a él le toco vivir.
“Para comer, los ricos no tienen necesidad de matar con las propias manos. Dan trabajo a otros, como a ellos les gusta decir. Los ricos no hacen el mal, pagan por él”. Recupera Álex Portero estas palabras-reflexiones de Céline en su texto de la antología, y me viene inmediatamente al recuerdo la última novela del autor español que mejor sabe reflejar la historia que pisamos a diario, la vida que nos lleva, sin esperar a que el tiempo barnice la realidad de dorado como hacen otros escritores que necesitan la perspectiva de los años para sacar sus conclusiones. Estoy hablando de Rafael Chirbes. Escribe el autor valenciano en su última novela En la orilla, a propósito del hombre y de la crisis de valores que nos arrastra: “Si de algo sirve el dinero es para comprarles inocencia a tus descendientes. No es poca cosa. Te saca del reino animal y te mete en el reino moral. Te humaniza. [...] El dinero tiene, entre otras infinitas virtudes, una calidad detergente. [...] Te concede esas manos impolutas que emergen de los blancos puños almidonados de las camisas. Ya no eres tú quién merodea en la noche. Te permites contratar a peones y criados que atrapen, degüellen y despellejen las piezas. [...] Siempre les han llegado a los señores los animales ya cocinados, servidos en bandeja cubierta con una reluciente cúpula de plata [...] desfigurados hasta resultar irreconocibles y, por eso mismo, apetitosos a su falaz inocencia [...] Ningún rico medianamente inteligente practica el asesinato. [...] Para matar tienen a sus empleados”. Creo que estas palabras de Chirbes son suficientes para demostrar que, al menos en lo que a literatura se refiere, el hombre sigue siendo un ser humano igual de despreciable y que los postulados de Céline siguen hoy de plena vigencia.
Hoy, dominantes casi cien años más tarde, dos guerras mundiales más tarde (y, en España, una civil, entre hermanos), dos crisis económicas planetarias más tarde, desprovisto de valores morales cuando se acerca al poder, el ser humano sigue siendo un incorregible y desalmado animal carroñero.
EL DESCRÉDITO, Viajes narrativos en torno a Louis-Ferdinand Céline
-Prólogos y selección de Vicente Muñoz Álvarez y Julio Cesár Álvarez
Esteban Gutiérrez Gómez,
del blog Bacovicious.
jueves, 19 de diciembre de 2013
TRIBUTO ZAMORANO A CÉLINE
Los escritores José Ángel Barrueco, Mario Crespo y José María Alejandro, presentes en una antología sobre la figura del autor francés del siglo XX
La Opinión de Zamora, 18.12.2013
N. S. La figura de Louis-Ferdinand Céline, uno de los autores clave del siglo XX, desprestigiado y denigrado por sus ideas antisemitas y su colaboración con el régimen de Vichy, centra una obra colectiva de relatos coordinada y prologada por Vicente Muñoz Álvarez y Julio César Álvarez para Ediciones Lupercalia. En «El descrédito. Viajes literarios en torno a Louis Ferdinand Céline» participan casi una treintena de autores, entre ellos los zamoranos José Ángel Barrueco, Mario Crespo así como José María Alejandro, más conocido como «Choche».
El deseo de «intentar desentrañar, en la medida de lo posible, el enigma de Céline» impulsó a los antólogos a ponerse a la tarea de recopilar textos sobre esta controvertida figura de la literatura del pasado siglo.
El criterio de la selección de las firmas incluidas en «El descrédito. Viajes literarios en torno a Louis Ferdinand Céline» responde a su calidad. Además todos «han sido lectores críticos de la obra céliniana en algún momento. Hay quien ha mantenido una relación más estrecha con Céline y hay quien únicamente ha visto el monstruo antisemita. Lo que está claro es que Céline plantea un dilema moral importantísimo, y una muestra amplia y diversa de autores puede ayudar a desentrañar ese profunda interrogación», señala Julio César Álvarez.
La antología aglutina a un total de 28 autores que aportan su visión sobre el escritor francés con absoluta libertad. En el volumen firman autores más consagrados, como Enrique Vila-Matas o Miguel Sánchez-Ostiz, y voces nuevas y prometedoras, como Adriana Bañares o Carlos Salcedo a los que se unen los tres autores zamoranos. «Barrueco, Crespo y "Choche" son tres de los nombres esenciales del panorama literario actual más joven y activo». «Todos ellos tienen una obra de excelente calidad y una visión de la literatura que compartimos y admiramos», enfatiza Julio César Álvarez.
José Ángel Barrueco, autor de obras como «Te escribiré una novela» y «El viajero de la noche», en esta antología «aporta un conocimiento y comprensión de Céline únicos», puntualiza el antólogo quien lo califica de « escritor demoledor, de raza, con una capacidad expresiva desbordante».
Julio César Álvarez opina que Mario Crespo es «un narrador habilidoso en todas las distancias». «Uno siempre disfruta leyéndole, resulta natural y cercano con extrema facilidad». En «El Descrédito» ha dado forma «a una ficción desde la más extraña de las realidades», dice el antólogo sobre el autor de «Biblioteca Nacional» o «Cuento kilómetros»
José María Alejandro «Choche», ha formado parte de varias antología como «Poemash, homenaje a Raúl Núñez» o «Plan 9 del Espacio Exterior», tiene «la singular capacidad de hacer sencillo lo complejo y difícil. En su aportación, desentraña "Viaje al fin de la noches" con una implacable sencillez», describe Julio César Álvarez mientras que el escritor zamorano añade que su propósito «es acercar la obra de Céline a todo el público, que la gente lo lea y le entren ganas de ir a la librería, que la gente conozca a uno de los mejores escritores, a una persona con una vida para escribir miles de páginas»
«El Descrédito. Viajes narrativos en torno a Louis-Ferdinand Céline» ha sido ya presentado en varios puntos de la península y todavía carece de fecha de presentación en la capital.
viernes, 13 de diciembre de 2013
lunes, 9 de diciembre de 2013
EL DESCRÉDITO: ¿Viaje al fin del hombre?
¿Viaje al fin del hombre? El descrédito: viajes narrativos en torno a Louis-Ferdinand Céline, Ediciones Lupercalia
Un barco llamado Lupercalia, en esta ocasión, tripulado por dos maravillosos y apasionados antólogos: Vicente Muñoz Álvarez y Julio César Álvarez. Destino: la obra de un hombre, rara avis, Louis-Ferdinand Céline, capaz de ser odiado y amado por los mismos y al mismo tiempo. ¿Malditismo, genialidad, antisemitismo, uno de los escritores más influyentes del siglo XX, una vuelta de tuerca a la literatura universal o todo al mismo tiempo?
El descrédito: Viajes narrativos en torno a Louis-Ferdinand Céline, Ediciones Lupercalia, supone un alto en el camino ineludible para todos aquellos que han viajado al fin de la noche o pretenden hacerlo.
¿Cómo surge la idea y por qué Céline?
Julio César Álvarez:
Céline se ha ido convirtiendo progresivamente en una voz literaria cada vez más importante. Una especie de lectura obligada. No hemos hecho otra cosa que reflejar ese interés, esa curiosidad creciente entre muchos lectores y autores por una figura confusa y difícil de explicar. Era inevitable abordar su legado, el conflicto moral que encierra y su larga influencia en la literatura más actual.
¿Crees que sus panfletos antisemitas fueron parte de la obra de un provocador, del nihilismo atroz, de la no esperanza en el ser humano, después de haberse adentrado, según dicen, en el corazón de las tinieblas al más puro estilo Conrad?
J.C.A.:Todo ello al mismo tiempo y tal vez justo lo contrario. Es difícil responder con certeza. Lo que está claro es que Céline refleja las miserias y grandezas de la sociedad europea de entreguerras. Una sanguinolenta herida abierta. De hecho, Céline supura todas las enfermedades morales y fantasmas sociales de la época, no es más que su incómodo reflejo, esa parte oscura que la mayoría prefiere esconder. De ahí su ostracismo, su encierro silencioso y su anulación. Aunque ciertas cuestiones artísticas no pueden dejarse aparcadas en un cajón. Evolucionan, crecen, como el propio ser humano.
Hay quien dice que su antisemitismo se basa en la identificación del judaísmo con el capitalismo, otros que fue un pacifista convencido, defensor de los desfavorecidos, anticlerical y anticolonialista y muchos otros que era un ser inmoral, deleznable y pronazi. ¿No estaríamos ante el paradigma de la contradicción del ser humano cuando en la misma persona se dan todos esos matices?
J.C.A.: Céline resume en un sólo hombre lo mejor y peor del siglo XX. Sofisticamos la tecnología hasta crear la bomba atómica. En su caso, convive un talento enorme, un estilo depuradísimo (al menos en sus primeras obras), con una pésima calidad moral y una cierta monstruosidad en su visión de otros seres humanos. Evidentemente lo rescatable es su talento creativo, su modificación de las reglas literarias del juego. El resto, es una continuación de esa bomba atómica, nuestro perfeccionamiento como especie que se destruye más y mejor a sí misma.
Céline dijo acerca de su Viaje al fin de la noche: “El hombre está desnudo, despojado de todo, aun de la fe en sí mismo. Mi libro es eso”. Según Vila Matas precisamente, ese pesimismo y esa falta casi absoluta de compromiso moral le permitieron viajar con insólita audacia a donde casi nadie se había atrevido a ir. ¿Crees que el arte puede/debe ser el vehículo para desentrañar incluso la oscuridad más absoluta que nos habita?
J.C.A.: El arte es el medio, sin duda. Y la libertad resulta imprescindible. Fue quizá esa libertad sin límites la que le permitió innovar y resquebrajar las formas literarias de la novela. Si existe un buen campo de pruebas para desentrañar la oscuridad inherente al ser humano, ese es la creación artística. Pero luego, claro, no nos asustemos de lo que allí aparezca reflejado.
Acerca de la controversia que provoca el universo Céline: ¿dónde empieza el hombre y dónde el creador? ¿Dónde la obra y dónde la vida? ¿Es bueno, justo e inevitable mezclarlo, juzgarlo, condenarlo?
Vicente Muñoz Álvarez:
Es muy complicado saber dónde empieza el hombre y dónde el creador, ambas facetas, sobre todo en la escritura autobiográfica, como la de Céline. En función de qué experiencia tengas y qué clase de hombre seas, construirás tu escritura, eso está claro. Ahora bien, a la hora de valorar una obra artística, sea del tipo que sea, mi opinión es que se deberían deslindar ambas cuestiones. Si tuviéramos que juzgar a los artistas por su catadura moral, las bibliotecas y museos se vaciarían. Y no hablamos de políticos ni sacerdotes, hablamos de artistas, y de su obra, su legado, que es realmente lo que importa. Juzgar a una persona en vida por sus actos, me parece lógico y necesario. Pero juzgar su obra por sus acciones, creo que no es acertado. Sobre todo cuando, como es el caso de Céline, el autor lleva más de medio siglo muerto y lo que ahora cuenta, cara al presente, es su impresionante obra escrita.
¿Cómo ha sido la experiencia a la hora de congregar, seleccionar a todos esos autores entorno a una figura como la de Céline?
V.M.A.: Muy gratificante para Julio César y para mí. En el fondo, aunque no lo parezca, reunir una nómina de autores como la presente implica una labor de años de trabajo y contactos entre escritores, de haber ido formando una cantera y equipo de autores afines, dispuestos a colaborar en un proyecto así. Tanto Julio César como yo conocíamos previamente a todos estos autores y sabíamos de su interés por Céline, con lo cual no fue difícil reunirles. Pero ya digo, saber de ellos, de los más adecuados para este proyecto en concreto, viene de atrás.
Y por último, ¿creéis que habéis logrado vuestro propósito de desvincular la obra del hombre? Vuestra impresión del resultado.
V.M.A.: El resultado es El descrédito, este magnífico libro que Lupercalia acaba de editar, donde ha primado la libertad total de los autores a la hora de exponer su visión sobre Céline. Unos lo han elogiado, otros condenado, otros criticado… pero todos se han dejado la piel en abordar su obra y figura. Lo que no hicieron en Francia en su día por presiones políticas, lo hemos hecho sin ellas aquí y ahora, en España, los 28 escritores que participamos en la antología. Y de ello estamos, sobre todo Julio César y yo como antólogos, más que orgullosos. Nuestra premisa era, sí, desvincular la obra del hombre, pero sin disculpar en absoluto a Céline por sus actos, sólo con la intención de reivindicar sus grandes novelas. Y creo que lo hemos conseguido. Gracias, en gran parte, a Lupercalia, que ha apostado por esta polémica y arriesgada antología. Y por supuesto, a los puntos de vista y textos de los autores, que se han implicado de lleno en el proyecto.
EDICIONES LUPERCALIA
http://edicioneslupercalia.com/
¿Cómo, cuándo, dónde y por qué Lupercalia? Son vuestras publicaciones Azotes de Lupercalia?
Ricardo Moreno Mira:
El «Cómo»… bueno, con un simple trámite administrativo, alta en el IAE.
El «Cuándo»… Más o menos, creo recordar, hacía el año 2009.
Y el «Por qué»… para dar salida a material que nos gustase y tuviese interés.
Sobre si nuestras publicaciones son «Azotes de Lupercalia»… bueno, nos gustaría que así fuese.
¿Cómo logra nacer una editorial y cómo se mantiene?
R.M.M: Los trámites son sencillos. Todo el mundo puede hacerlos. Como ya he dicho antes, alta en el IAE y pagar tus autónomos. Todo lo demás, encontrar una imprenta que se adapte a lo que buscas, es algo que se aprende. La distribución, es más complicada y difícil, pero también es posible.
¿Mantenerse?… Bueno, eso depende de lo que uno quiera y pueda aguantar. Pero al ser una editorial pequeña no tenemos que soportar una gran infraestructura. Eso nos da flexibilidad y una capacidad de adaptación que supone una enorme ventaja en tiempos de crisis. Somos algo así como pequeños organismos que no necesitan mucho para subsistir, en un panorama general de grandes dinosaurios y con una extinción masiva de fondo.
¿En qué os basáis para la selección de obras? ¿Rastreáis vosotros, os las envían..?
R.M.M: Principalmente en que nos guste, que cojas el manuscrito y te enganche, que tenga fuerza y se adapte a la línea de la editorial. Nos llegan muchos e-mails de gente que quiere publicar pero no damos abasto. Un porcentaje de las cosas que hemos publicado ha salido de ahí, de esos e-mails que nos llegan, y otras las hemos buscamos.
¿Publicar es un deporte de alto riesgo en este país?
R.M.M: Depende de lo que publiques. Si es literatura, probablemente sí. Pero aquí lo difícil, casi imposible, es llegar a tu cliente potencial en un contexto de sobresaturación de estímulos y ofertas.
Habladme del diseño de las portadas. Todas poseen una fuerza tremenda.
R.M.M: Intentamos acordarlo y colaborar con el autor, que él ofrezca idea y sus impresiones. Eso es importante para nosotros, que el autor se sienta satisfecho con nuestro trabajo.
Y por lo demás, bueno, nos alegra si causan esa impresión… Es lo que intentamos, un diseño limpio, austero en cierta medida, pero contundente. Simplemente tratamos que quede lo mejor posible. Y supongo, por la pregunta, que eso a veces funciona.
domingo, 1 de diciembre de 2013
EL DESCRÉDITO en TAM TAM PRESS
28 autores españoles interpretan al polémico Louis-Ferdinand Céline
“Hay que luchar contra la desgracia
con la misma rabia que ella hasta cansarla“.
Louis-Ferdinand Céline
Casi acaba de llegar a las librerías ‘El descrédito: Viajes narrativos en torno a Louis-Ferdinand Céline’,una antología coordinada por Vicente Muñoz Álvarez y Julio César Álvarez para Ediciones Lupercalia en la que participa casi una treintena de autores españoles.
Louis Ferdinand Céline (1894-1961), autor de ‘Viaje al fin de la noche’ y ‘Muerte a crédito’ (sus dos grandes novelas), fue sin duda uno de los más polémicos escritores del pasado siglo, referente indiscutible de las generaciones venideras y fuente de inspiración permanente para la prosa contemporánea. Sin embargo, sus panfletos antisemitas y su colaboracionismo con el régimen pronazi de Vichy durante la Segunda Guerra Mundial le condujeron a la infamia y al descrédito (además de a la cárcel y al ostracismo), suscitando desde entonces las más controvertidas y apasionadas polémicas.
En esta antología, un grupo de autores españoles contemporáneos aborda su figura y su obra, exponiendo su visión personal, subjetiva y crítica sobre un autor indispensable para entender la narrativa más reciente.
Los autores son: Miguel Sánchez Ostiz, Mario Crespo, Celia Novis, José Ángel Barrueco, Óscar Esquivias, Bruno Marcos, Pepe Pereza, Isabel García Mellado, Alex Portero, Vanity Dust, Juanjo Ramírez, Patxi Irurzun, Juan Carlos Vicente, Velpister, Esteban Gutiérrez Gómez, Pablo Cerezal, Javier Esteban, Choche, Miguel Baquero, Carlos Salcedo Odklas, Joaquín Piqueras, Adriana Bañares, Gsús Bonilla, Alfonso Xen Rabanal, Daniel Ruíz García, Enrique Vila Matas.
“Decidimos acercarnos a la figura del francés, levantar una antología con autores de muy distinto tipo y ver qué nos encontrábamos al final del trayecto. Y sucedió lo esperable. Cada autor interpretó al autor de Muerte a Crédito de un modo muy distinto, cada uno forzó más si cabe su propia sintaxis (la sombra de Céline es alargada) en un intento de homenajear al desagradable maestro y hacer ver las consecuencias de una filosofía celiniana, si eso es posible y aconsejable. No debemos olvidar que Céline en algunas cuestiones era un amargado nihilista, pero un nihilista que no podía dejar de escribir, quizá porque el resto de aspectos de la propia existencia eran mucho más detestables”, señala en su prólogo Julio César Álvarez.
Por su parte, Vicente Muñoz explica en su prólogo el cómo y el por qué de esta antología: “Ya de puestos, hasta cuello, afirmaba a menudo Ferdinand, y hasta el cuello nos hemos metido en su obra y hasta el fondo hemos querido llegar. Sin complejos ni prejuicios, sin filtros morales ni consideraciones éticas, por el mero hecho de admirar su prosa y reconocer su maestría, por el puro placer de hacerle (nuestra) justicia”.
Vila Matas, por ejemplo, en el texto que cierra el libro, dedica a Céline distintos calificativos, que van desde “cerdo repugnante” a ideólogo del Holocausto. Ello no le impide elogiar, en una rapidísima pero completa revisión de su obra, las dos primeras novelas, las únicas que en su opinión tienen gran valor literario. Aunque no deja de admitir los sentimientos encontrados que le produce Fantasía para otra ocasión, se pregunta si, como dijeron en su día otros literatos, Céline fue un hombre de un solo libro —o dos, para ser exactos—…
viernes, 29 de noviembre de 2013
EL DESCRÉDITO en REVISTA DÉTOUR
LOUIS-FERDINAND CÉLINE A TRAVÉS DE
El descrédito, una antología de textos seleccionados por Vicente Muñoz Álvarez y Julio César Álvarez (Lupercalia)
por Juan Jiménez García
¡Oh, cielos, otro libro sobre Céline! El pesado de Céline, que dice Enrique Vila-Matas. Céline, que escribió dos buenos libros y un buen puñado más lamentándose de su suerte, dice Vila-Matas también. Céline el panfletario, el anarquista, el nazi, el escritor que cambió la escritura para siempre, el escritor que debía haber sido fusilado, por ese empeño que tuvo en seguir vivo. Sí, otro libro sobre él. Y no es que en España haya muchos (que alguno hay, al menos), pero seguramente hay que seguir escribiendo sobre él. O alrededor de él, sería más exacto decir. Porque el libro que ahora edita Lupercalia, con selección y prólogo de Vicente Muñoz Álvarez y Julio César Álvarez, en realidad es lo que promete: viajes narrativos.
Debemos entender por viajes narrativos incursiones en su propio territorio. Y también: aproximaciones, ligeras reflexiones sobre su obra. Y también: encuentros fugaces con su figura. “¡Pero hallar la emoción de «lo hablado» a través de lo escrito!, ¡no es cualquier cosa!” Esto lo dice el propio Céline. Y entonces, bien, allá cada cual con sus riesgos. Y lo mejor: es necesario tomar esos riesgos, de modo tan cierto como que sin riesgo no puede existir esa escritura.
Seguramente muchos nos hemos acercado a Céline de la misma manera que buena parte de los que forman esta antología: por la atracción fatal que ese título, Viaje al fin de la noche, ejerció entre nosotros. A partir de él, empezaba nuestro propio viaje a través de su escritura, que puede ser terriblemente agotador, por todo lo contado y cómo está contado, y por esos problemas de conciencia que de cuando en cuando nos asaltan. Leonardo Sciascia se prometió a si mismo nunca leer a este hombre, y bueno, a veces me pregunto cómo es posible conciliar a estos dos escritores junto a una misma cabecera.
Leyendo los relatos que forman este viaje, la mayor lección de Céline no sería cómo transformar en escritura el lenguaje oral (tarea difícil de asumir), sino más bien cómo trasladar la vida (o mejor, el furor, el ruido, la suciedad de esa vida) al papel, como convertirnos en personajes de nosotros mismos. Y no es una tarea fácil de asumir, porque después de todo seguimos viviendo en un tiempo de héroes, de superhéroes incluso, en el que vivir de cualquier manera no tiene especial mérito y, desde luego, no merece el tiempo de un relato.
Como en toda reunión, los resultados son dispares, pero merece la pena meterse en esa variedad de propuestas, que no dejan de ser un buen puñado de hilos del que tirar, pistas que seguir, encuentros provocados y, de cuando en cuando, descubrir textos brillantes, como, por citar tan solo uno de ellos, Charles Chaplin Céline, pequeño y atrevido juego de espejos. El libro recoge una buena generación de jóvenes y no tan jóvenes escritores al calor del undergroundde muchos de ellos, y esto lo convierte en una magnífica oportunidad de ver sus inquietudes, modos y maneras.
jueves, 28 de noviembre de 2013
LEER, O NO, A UN ESCRITOR MALDITO
Leer, o no, a un escritor maldito
Por A. Vega | 28/11/2013
Julio César Álvarez y Vicente Muñoz son los responsables de una antología sobre el escritor pronazi Céline. Hoy se presenta en León
Julio César Álvarez y Vicente Muñoz son los responsables de una antología sobre el escritor pronazi Céline. Hoy se presenta en León
Dos escritores leoneses, Vicente Muñoz Álvarez y Julio César Álvarez, son los responsables de 'El descrédito', una antología sobre el escritor maldito por excelencia, el francés Louis-Ferdinand Céline. Casi una treintena de autores (entre los que figuran Enrique Vila-Matas o Miguel Sánchez-Ostiz) abordan la figura de Céline con relatos y ensayos sobre la influencia del legado
Céline (1894-1961), autor de Viaje al fin de la noche o Muerte a crédito, fue sin duda uno de los más grandes y polémicos escritores del pasado siglo, una auténtica fuente de inspiración permanente para la prosa contemporánea. Sus panfletos antisemitas y su colaboración con el régimen pronazi de Vichy durante la Segunda Guerra Mundial le condujeron a la infamia y el descrédito, suscitando desde entonces las más controvertidas y apasionadas polémicas. Polémicas que aún hoy continúan.
Vicente Muñoz desvela que nos encontramos en 'El descrédito', "es una antología homenaje a Céline, el novelista más valioso, yo creo, del S. XX. Por su biografía y tendencia política, colaboracionista con el régimen pronazi de Vichy, su obra ha sido casi ninguneada y enterrada aunque sus dos primeras novelas -Viaje al fin de la noche y Muerte a crédito- son dos de las más importantes novelas del siglo pasado; nos pareció una buena idea que un grupo de autores reivindicáramos la obra de Céline sin para nada condescender con sus errores y con sus culpas; simplemente intentar deslindar su obra literaria de su faceta biográfica". Julio César Álvarez recuerda que algunos de los autores de la antología también ponen en duda al autor por su polémica vida, "hay una calidad literaria innegable pero pero su monstruosidad moral es la que es, y eso genera una duda. Céline es un dilema, hay que tener una respuesta personal, ¿qué hacer cuando alguien es un gran genio literario pero es un monstruo moral? ¿leerle o no? Cada uno de los 28 autores ofrece su respuesta que nos ayudará a posicionarnos a cada uno de nosotros".
¿La sociedad es capaz de separar eso, la obra y la vida, de un artista (o un político)? Muñoz no tiene dudas, "lo ha hecho con la mayor parte de los artistas a largo de la historia. Si realmente hubiera pesado la losa que pesa sobre Céline sobre autores como Picasso, Hamsum o varios Premios Nobel no existirían museos ni bibliotecas; Céline ha hecho de cabeza de turco. No es cuestión de disculparle sino por qué su obra si sigue estigmatizada medio siglo después de su muerte y la de otros artistas no".
"Céline es la persona ideal para antologar porque genera muchos puntos de vista encontrados, es el atractivo del libro"
Julio César Álvarez reitera la calidad de Céline "su instinto literario es tan intenso que está acertado, pero su calidad moral se pone muy en duda. Esto ha llevado a la polémica en Francia, donde en sus instituciones ha pesado más lo moral pero en este libro ha sido la calidad literaria".
¿Y porqué en él se han centrado los odios de la sociedad? "El nihilismo de Céline y su incomodidad como figura, porque él se cagaba en todo, es lo que la sociedad no le ha perdonado, su no esperanza" apunta Muñoz, puntualizando Álvarez que su biografía personal, un médico con buena formación académica, ha podido también contribuir a eso "sus verdades frontales, sin medias tintas, no se perdonan porque son políticamente incorrectas; la falta de definición de Céline, que se sale de todos los perfiles, le ha perjudicado frente a la sociedad".
Somos entonces esclavos de lo políticamente correcto... "Hay ciertas verdades que Céline dijo, que resultan tán incómodas que no somos capaces de afrontarlas; eso, unido a su colaboracismo nazi, es lo que ha llevado a la visión actual sobre Céline. Aún así creo que es el primer autor moderno, el primero que vislumbró la sociedad donde vivimos fue Céline" explica Álvarez. Para Muñoz hay muchos paralelismos entre la sociedad en la que vivió Céline y el mundo actual, "la economía estaba por los suelos, los políticos no tenían ninguna credibilidad, el ambiente estaba tan crispado como ahora; por eso es un autor tan actual". Eso, unido a su estilo propio, llevando el lenguaje de la calle a la literatura le han convertido en un autor tan influyente con ascendencia sobre los escritores 'beat', Henry Miller o los existencialistas.
Recuerdan los dos escritores que sus primeras novelas recibieron un apoyo unánime de los intelectuales de la época pero cinco años después todo cambió sobre el autor. Su colaboracionismo con el régimen pronazi de Vichy le convirtió en un apestado social, siendo condenado a cárcel por ello tras finalizar la II Guerra Mundial.
¿Pero leer a Céline o no? Vicente Muñoz lo tiene muy claro "como artista soy amoral en esto, no me quiero privar de una gigantesca obra maestra literaria porque lo haya escrito un tío que está muerto, que asesinó... me da igual; el arte es el arte y no debemos privarlo por la categoría moral de su autor, eso sería auténtico nazismo. Para Julio César Álvarez "a Céline se le ha querido castigar a modo de ejemplo. No se ha hecho con otros que lo merecían tanto o más que él".
"Probablemente Céline sea uno de los mejores novelistas del S. XX, es una metáfora de la dualidad del ser humano, de lo mejor y lo peor", avalan ambos, insistiendo que sobre el 'maldito' francés hay que hacer una valoración propia y augurando que dentro de 50 años seguirá siendo un dilema. Con 'El descrédito' buscan aportar nuevas visiones para intentar desentrañar su enigma, que hoy en día sigue generando una amplia polémica.
'El descrédito' se presenta hoy jueves, 28 de noviembre, en El Gran Café a las 20 h. con la presencia de sus autores y varias de las firmas que dan forma a esta singular obra conjunta.
Para finalizar Vicente Muñoz reitera su visión sobre Céline, "mi postura, 1 de 28, es que el artista tiene derecho a todo, no en vida pero sí en muerte. Si la obra de un artista merece la pena no puedes privar a la humanidad de ella. Sin discutir que Céline pagará sus años de cárcel y destierro."
Julio César Álvarez apunta para acabar un lado más inquietante, 'Celine somos todos, con talento, con cualidades, pero plenamente incoherentes y a veces un poco monstruosos porque las circunstancias todavía no han sacado lo peor de nosotros mismos."
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